jueves, 24 de abril de 2014

El impacto del aumento del dióxido de carbono en la atmósfera terrestre, es el causante del ya tan conocido "calentamiento global". Un estudio reciente ha concretado que los efectos de esta emisión tendrán un efecto incluso dentro de 1000 años, es decir, hasta el año 3000 no se vería una recuperación. Por ello, para finales de este milenio, el nivel del mar habrá aumentado cuatro metros, las placas de hielo de la Antártida habrán desaparecido y el 30% de las tierras fértiles de África se habrán desertizado.

Pero aún así, aquí, seguimos todos iguales. Cuando pensamos en el calentamiento global, pensamos en un monotema que no acaba, que siempre está ahí, pero que ya resulta un muermo e incluso pesado. Pero claro, ¿qué más nos da lo que ocurra dentro de 1000 años? Ahora mismo no vemos efecto alguno. Bueno sí, quizás haga un poco más calor de lo normal en verano y poco más. Pero, vamos, eso lo soportamos fácil, ¿no?

Y no nos damos cuenta de que nos estamos cargando nuestro planeta, nuestra casa. Quedará en nada, en polvo. Calcinada por el calor abrasador que nos será insoportable. Y será ahí, cuando nos veamos encima el problema, cuando ya no haya solución, cuando nos alarmaremos e intentaremos cambiarlo todo de sopetón. Conseguir un remedio mágico, una idea brillante que haga revertir la situación. Pero, ¿y si ya no se puede? ¿Y si ya es demasiado tarde? Llegará el tiempo de los arrepentimientos y los remordimientos.

Aún así, ¿está en nuestra propia mano poder acabar con el calentamiento global? Es decir, es verdad que nosotros podemos aportar nuestro granito de arena, como quien dice. Pero no es más que un grano enano frente a todo un desierto. Esos que controlan el mundo con sus grandes fábricas y empresas son los que están mandando el planeta al garete. Esos mismo que incluso se niegan a firmar tratados y pactos para ser más ecológicos. A ellos esto pocos les importa. Ellos ya veranean en aquellos lugares donde poco llega la contaminación. Ellos disfrutan de esa parte del planeta todavía limpia, todavía inmaculada.

Bueno, dejo de aburriros con este monotema, al fin y al cabo a pocos les importa, y poco podemos hacer. Es chocarse contra un muro una y otra vez. Al final acabaremos muertos de una manera u otra, sea por chocarnos contra el muro o sea abrasados en nuestro planeta. ¿Y tú, que opinas? 

Jesús Rodríguez González.

1 comentarios:

  1. El bando de los empresarios que mandan al mundo al garete son un obstáculo considerable, pero también hay opiniones que posicionan a la Naturaleza en este bando contra nuestros propósitos ecológicos. Muchos geólogos lo fundamentan en los ciclos de temperatura del Sol, otros en los cambios térmicos de la Tierra, en las corrientes marinas, etc, y por mil razones más, terminan por dar la imagen de un destino que será nefasto sin importar en qué bidón tiras los envases.
    Para mí esto es un gran error. Nótese que no desacredito a las razones que dan los geólogos, sino a los ciudadanos de a pie quienes, escuchando estos testimonios, se eximen de todo esfuerzo por mejorar nuestro entorno. Porque para mí sí importa donde se tiran los envases. Y me viene a la mente el sistema de reciclaje de Alemania; allí, por ejemplo, muchas botellas cuestan una cantidad extra (unos 25cent.) que te reembolsan al devolver el envase en los supermercados. Son estos pequeños gestos los que permiten ya no sólo preservar la Naturaleza, sino conservar también el dinero de tu bolsillo. Y por eso me gustaría transmitiros que ese poco que podemos hacer, aunque os parezca chocaros con una pared, va resquebrajándola poco a poco.

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